Harddiskmuseum.

A museum with unique digital files of art, founded by Solimán López.

 

Manifesto Intangible

-- the concept

Solimán López_09/05/2015

Manifiesto Intangible

09/05/2015

Cuando pienso en el amor, si es que se puede pensar en él, caigo en la cuenta de su carácter de proyección mental. Algo que encadena los lazos de nuestra propia supervivencia resulta tener muy poco de metálico, físico o sólido.

Cuando pienso en lo digital, si es que se puede pensar en lo digital, caigo en la cuenta de su carácter de líquido. Algo que se escurre por los dedos en su afán de tocarlo, aprehenderlo o hacerlo propio.

Cuando pienso en nuestro tiempo, si es que se puede pensar de manera inmediata, caigo en la cuenta de que, simplemente, caigo.

De nuestro es todo aquello que resulta ser ajeno y de ellos resulta ser todo lo nuestro. En la caja del Share, que es internet, vive un inmenso pulpo que alcanza con sus tentáculos hasta aquello que es tan propio como la identidad.

Mirando a través de la caja encuentro un vértigo, un precipio de amor no fecundado que se esparce en millones de bytes y datos informes, que se mezclan, luchan entre sí, se rozan y se replican. Lo interesante de todo esto es el abismo en el que suceden estas conexiones y relaciones. Un fondo marino, frío, oscuro, relampagueante por pieles electrónicas que no tratan sino de sobrevivir en un ambiente hostil, desmaterializado y desprovisto de gravedad. Un ambiente al que jamás querría acceder, ni tampoco pretendo, pues no es mío, ni tuyo, ni nuestro, definitivamente, no es.

No existe, o ¿acaso algo lo hace?. Nada es sino representación. Nada es sino dígito, interpretación, interfaz, pantalla, proyección, holograma mental. Nada es, excepto el nodo, la línea antes que el círculo. Sin conexión no hay interpretación, no hay proyección, no hay imagen, no hay relaciones. Sin relaciones no hay vida, no hay sexo, no hay tacto, simplemente NO HAY.

Pero la nada es todo y el todo es la nada, lleno de o vacío de. Lleno de negro o vacío de blanco. Lleno de odio o vacío de amor.

Sigo cayendo en la cuenta de nuestra incapacidad para comprender qué está pasando, qué ha pasado y qué va a pasar. En un esfuerzo inhumanizado de intentar entender, llego a la frustración absoluta de lo material. Del intento de contener lo líquido entre los dedos, en una piscina con fugas que es la mente y con un flotador que es el cuerpo, que se deshincha día a día con el tiempo, perdiendo turgencia, brillo y dinamismo, hundiéndose al abismo mencionado, ya desprovisto de carga electrostática. Pero la piscina sigue ahí, el contenedor sigue estando presente, por mucho que trate de imaginarlo descascarillado y con la pintura resquebrajada, con moho, larvas y mosquitos, sigue ahí. Tiene hojas secas en toda la base, y algún charco embarrado en las esquinas, pero sigue ahí. El hueco está hecho y aunque lo tapen, siempre fue hueco, el hueco sigue ahí.

Ese hueco es el que como ser humano queremos llenar en una muestra absoluta de aburrimiento y sin sentido. En un alarde de intuición animal que no entendemos. Como la tortuga que corre al mar tras nacer en la orilla, llenamos las cosas de otras cosas, las acumulamos, las rompemos, las modificamos y las reconvertimos en otras cosas, cosas, cosas, cosificación, hasta cosificarnos a nosotros mismo en un proceso de reificación en bucle con el random activado.

Cuando pienso en guardar aquello que no es propio del mundo material, si es que se puede pensar en algo no material, caigo en la cuenta del valor que tiene todo aquello que no se toca. La antítesis del oro se vuelve más dorada que nunca, resplandeciente y con un peso específico que sobrepasa los límites de la bolsa y los dígitos bancarios. Y pienso… Soy humano, inteligente y bobo a la vez (siempre gana lo bobo), por lo que estoy capacitado para encontrar una solución, o al menos una que esté justificada a través de mis parámetros mentales conceptuales y los del colectivo al que me dirijo.

Sigo merodeando las auras, las almas y las luces y no llego a nada de físico en todo esto. No puedo tocar nada, no puedo llevarme nada a la boca, para masticarlo y saborearlo, no puedo perforar nada a través de un acto masculino de penetración física, no puedo fecundar, ni procrear, pues todo está flotando y se escapa de mis dedos, nada es mío sino de otros, nada está aquí, sino allí. Necesito algo donde poder comprender, agarrar y suspender por segundos aquello que nació para flotar. Y por supuesto encuentro soluciones. Aunque sea algo ficticio o inapropiado, a mí me vale, porque soy humano y vivo de justificaciones al sin sentido, vivo de mi propia religión de la mentira personal.

No sé si le valdrá a otros, pero ¿acaso me importa? Quiero tener algo en mis manos, un tesoro, una caja de valor que guarde en su interior lo que no puede estar en otro sitio, sino ahí, localizado, lejano de los tentáculos del pulpo, en tus manos, en las mías. Quiero tocarlo, analizarlo, hacerlo mío, acariciarlo, manosearlo, quiero, quiero, quiero, quiero.

¿Dónde va el agujero del Donut cuando nos lo comemos? ¿Dónde va el recuerdo olvidado? ¿Dónde va la imagen cuando no está en pantalla? ¿Dónde va el interactivo cuando está en pausa? ¿Dónde va el video cuando no hay códec? ¿Dónde va la acción cuando no hay huella? ¿Dónde va el alma cuando no hay cuerpo? ¿Dónde va el link cuando no

hay conectividad?

Podría pasarme décadas preguntándome cuestiones tan vacías como estas. Podría cruzar los brazos y esperar día tras día a que alguien viniera a darme una solución, a que alguien sacara la ecuación perfecta, pero me temo que ese alguien soy yo y en un acto que funde la depresión, la frustración y el amor más absoluto por la esencia del ser humano, trato de presentar una ecuación, con deficiencias y procesos procedurales y autónomos, pero que es sí misma solución, una de muchas, para contener en un guiño continuo a nuestro tiempo, a nuestra tecnología, al arte de siempre y al arte de ahora, aquello que de naturaleza tiene de todo menos físico.

Por que para mí, lo intangible no es aquello que no se puede tocar, sino lo que no se puede almacenar. Y, ¿acaso hay algo que no se pueda contener?¿acaso no estamos contenidos en un espacio intangible? ¿acaso las ideas no son de suyas así, definidas como intocables, intangibles e imposibles de guardar?

¿Acaso no somos capaces de representar ideas en un acto de humanización del entorno? ¿Acaso no podemos guardar conceptos?

En la nada está el todo, en lo intangible está la aprehensión de aquello que tiene más valor que el oro, el pensamiento, la idea, la proyección de lo íntimo, el yo más profundo, el rincón del vacío de mi mente, de la tuya, de la colectividad, del espacio muerto por inaccesibilidad, del abismo marino cargado de extraña vida, del subconsciente. Pongamos los medios justos y justificados para hacer de esa idea primigenia, renderizada en bits y codificada para nuestro entendimiento, el producto visual que merecen nuestros ojos. Guardémosla, en un cajoncito, en un disco duro para que no muera en el abismo, ni sea fagocitada por el pulpo, no se hunda, sino que flote, a toda vela en el liquido espeso del mundo digital.

Lo intangible artístico no existe en sí mismo, es una negación continua pues si la aceptamos, nosotros mismos dejamos de existir. Lo intangible no existe.

Arte intangible es aquello que nace para interpretarse en el tiempo, no en el espacio, desprovisto de gravedad, de aquella fuerza que rige la naturaleza. Arte intangible es magia que navega por tiempo, que se queda si es bueno, que se olvida si es malo. Arte intangible es tiempo, tiempo es espacio, es universo. Es amor. Arte intangible es amor hecho idea. Arte intangible es propio del mundo de las ideas, de lo elevado humano, de la deidad. Arte intangible es digital, como lo es el universo en su plenitud. Nada es tan grande como lo intangible, pues el universo es en sí mismo intangible.

Nunca estuvimos tan cerca del cosmos, de lo inalcanzable y de lo intangible como a través de lo digital, ofrezcamos el valor que se merece a este acto de humanidad.

Solimán López.+

Solimán López_09/05/2015

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